jueves, 6 de octubre de 2011

Vázquez Patiño Carmen Yazmin.

Teorías de la comunicación I

02-09-11

Capítulos IV,V,VI,VII de Historia de las teorías de

la comunicación de Mattelart

En estos capítulos Mattelart comienza a hablarnos acerca de que la sociología funcionalista consideraba a los medios de comunicación como “mecanismos decisivos de la regulación de la sociedad.”[1] Quiere decir que considera que los medios proporcionan a la sociedad mecanismos para comportarse dentro de ésta misma. Aunque también considera que son fuente de una violencia simbólica y son temidos como medios de poder y de dominación.

Es así como se observa que los medios de comunicación, desde su inicio, han sido factores cruciales en el control de actitudes dentro de la sociedad. La razón se encuentra en que los medios contienen mensajes persuasivos que se adentran en la vida de las personas, ya que ofrecen la satisfacción inmediata de la sociedad, mientras que construyen mensajes que entran directamente en el inconsciente.

Un ejemplo muy claro de ello es la campaña propagandística de Hitler. “El intenso deseo público de tener líderes carismáticos ofrece un terreno fértil para la propaganda. A través de una imagen pública cuidadosamente orquestada del líder del Partido Nazi Adolf Hitler durante el período políticamente inestable de Weimar, los nazis explotaron este anhelo para consolidar el poder y promover la unidad nacional. La propaganda nazi facilitó el rápido ascenso del Partido Nazi a una posición de prominencia política y, finalmente, al control de la nación por parte de los líderes nazis.”[2]

Por lo mismo, cerca de 1930 se crea el Instituto de investigación social, la primera institución abiertamente con orientación marxista. Pero al método marxista de interpretación d ela historia se le da un giro psicológico. Precisamente el proyecto se trataba de unir a Marx con Freud.

Todo lo anterior con intención de crear nuevos instrumentos permanentes de análisis de los medios de comunicación, con la finalidad de crear una investigación crítica para medir la cultura. Según Horkheimer, uno de los fundadores del Instituto de investigación social, “lo que habría que hacer es adoptar los métodos al objeto”.[3]

Años más tarde, alrededor de los años cuarenta, se comienza a tratar a la cultura como mercancía. Con ello se pretendía satisfacer numerosas demandas para responder a los estándares de producción, a lo que Adorno junto con Horkheirmer llaman “industria cultural”.

Más tarde se le da un nuevo sentido a esta industria, cuando Walter Benjamín establece que es más importante la reproducción de los hechos que la producción única. “un arte como el cine sólo tiene razón de existir en el estadio de la reproducción y no de una reproducción única.”[4] Destaca además que es necesario la observación de los fragmentos o residuos de la historia con el fin de reconstruir una totalidad perdida. Esto es, que se debe captar los errores del pasado para no repetirlos y además solucionarlos y ver los aciertos de la historia para reconstruirlos y mejorarlos.

Delante de esta reconstrucción de la historia viene la figura más brillante de los años sesenta en la escuela de Francfort. Herbert Marcuse pretende una crítica a la sociedad moderna desarrollando primero un hombre y luego una sociedad unidimensional. En donde el sujeto unidimensional es objeto de su propia impotencia ante un modelo de organización de la sociedad que, en lugar de liberar al individuo, lo domina, lo somete con violencia por medio de los medios de comunicación.

Como resultado de la teoría de la racionalidad técnica que propone Marcuse, Jürgen Habermas crea su propia teoría basado en el trabajo de Marcuse y en el propio llamado El espacio público, cuya característica era un espacio de mediación entre el Estado y la sociedad. “El principio de publicidad se define como aquello que pone en conocimiento de la opinión pública los elementos de la información que atañen al interés general.”[5]

Aquí es en donde se observa que la comunicación pública se disuelve en actitudes estereotipadas. Mismas que son proporcionadas por los medios masivos, en donde los ciudadanos se convierten en consumidores con comportamientos emocionales y aclamadores. Esto mismo se ve en las culturas actuales.

Y mientras que “la comunicación significa ‘compartir o poner en común’. Y la comunicación es la suma de conocimientos más información”[6], tenemos demostrado, por tanto, que los medios no pueden recibir el nombre de medios de comunicación, sino medios de difusión; dado que entre los medios y la sociedad no existe una concordancia espacio-temporal. No existe una comunicación eficaz.

Dentro de la sociedad industrial se constituía la cultura de masas. Dentro de ella se diferenciaban marcadamente dos grupo: los apocalípticos, los que veían a esta cultura de masas como un fenómeno amenazante (similar al concepto de los globalifóbicos). Mientras que el grupo contario, los integrados se regocijaban por el acceso a esta cultura de tiempo libre.

A favor de los integrados, Daniel Bell establece un cambio en la sociedad, denominándola sociedad posindustrial que se refiere a una nueva sociedad construida con base en las tecnologías y la industria de la información. Desde esta perspectiva “la industrialización supuso una fase histórica en la que los trabajadores urbanos industriales carecieron de cualquier influencia política institucionalizada. Por ello la sociedad industrial fue una sociedad de clases.”[7]

De esta sociedad posindustrial se deriva la obra de Guy Debord, la sociedad del espectáculo, quien menciona que “el espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas, mediatizado por imágenes”.[8] En donde se muestra además un aparato ideológico importante del Estado, ya que esta obra persiste en la supervivencia de la religión y la familia “la cual sigue siendo la principal forma de herencia del poder de clase.”[9]

Debido al desequilibrio, precisamente, de los flujos de información se comienza a desarrollar una economía política. Esta economía se aleja del esquema Este/Oeste que ha marcado la sociología norteamericana. La nueva visión del espacio mundial conduce a renovar el estudio de las relaciones internacionales en materia de cultura y comunicación.

Existe una marcada dependencia cultural en las sociedades actuales, misma dependencia que se esclarece en las visones contrastadas de la problemática de la comunicación. La misma sociedad es definida en términos de comunicación. Así que la crisis que enfrenta la humanidad ante las utopías que nos proponen los teóricos acerca de la relación entre medios y sociedad, resulta en su conjunto, una serie de dificultades para conquistar una verdadera legitimidad para establecer una gestión crítica.

La nueva era de información ante la cual se enfrenta la sociedad proviene de una cierta producción de estados mentales que se ponen frente a las particularidades que devienen de la información que se proporciona, ya sea por el Estado o por los grandes monopolios que manejan los medios de difusión. Ante esto se debe conservar una postura crítica para no ser comidos por la insaciable cultura de masas.

Bibliografía

· Mattelart, Armand. Mattelart, Michelle, Historia de las teorías de la comunicación, Barcelona, Paidós, 1997

· Checa Godoy Antonio, Historia de la comunicación: de la crónica a la disciplina científica. Netbiblo, España 2008

· Muñoz, Blanca, Theodor W. Adorno: teoría crítica y cultura de masas. España, Ed. Fundamentos, 2000

· Enciclopedia del Holocausto. http://www.ushmm.org/wlc/sp/?gclid=CN3u-LONg6gCFRx3gwodRkg_sA consultada el lunes 29-08-2011



[1] Armand, Mattelart. Michelle, Mattelart, Historia de las teorías de la comunicación, Barcelona, Paidós, 1997, p.51

[2] Enciclopedia del Holocausto. http://www.ushmm.org/wlc/sp/?gclid=CN3u-LONg6gCFRx3gwodRkg_sA consultada el lunes 29-08-2011

[3] Armand, Mattelart. Michelle, Mattelart, Historia de las… Op. Cit. p. 53

[4] Ídem. p. 55

[5] Ídem. p. 57

[6] Antonio, Checa Godoy, Historia de la comunicación: de la crónica a la disciplina científica. Netbiblo, España 2008, p. 63

[7] Blanca, Muñuz, Theodor W. Adorno: teoría crítica y cultura de masas. España, Ed. Fundamentos, 2000, p. 84

[8] Armand, Mattelart. Michelle, Mattelart, Historia de las… Op. Cit. p. 65

[9] Ibídem